Soberanía alimentaria

Chocolate es rebeldía: recuperar la capacidad autónoma de comer

Dice el poeta Eduardo Galeano que “en estos tiempos el que no tiene miedo al hambre, tiene miedo a comer”. Esta frase describe claramente la situación que vivimos, hay hambre en el mundo, en 2008 más de un billón de personas se encontraba en condición de hambruna mientras los demás sufrimos diariamente la incertidumbre de saber la calidad de los alimentos que llevamos a nuestras mesas. Unas cuantas empresas controlan el mercado mundial de alimentos y los campesinos son relegados al olvido y condenados a la extinción. Nuestras semillas nativas y sagradas son manoseadas por Monsanto y unas cuantas empresas dizque para mejorarlas pero lo único que hacen es modificarlas genéticamente para que produzcan sus propios insecticidas y nos enfermen y tengamos que depender de ellas para que nos las vendan.

Nosotros recuperamos la propuesta de la soberanía alimentaria de Vía Campesina, la organización campesina más grande del mundo, como la capacidad de los pueblos de decidir qué comer, cómo comerlo y producirlo. Pensamos que sin soberanía alimentaria no hay autonomía porque si tenemos la panza vacía no tenemos fuerzas para luchar. Para nosotros la soberanía alimentaria es condición para la autonomía. Si no hay maíz no hay autonomía, porque no podemos depender de otros para comer, menos de las grandes empresas transnacionales ni de sus gobiernos.

En la ciudad de Oaxaca esta capacidad se está perdiendo y no terminamos de darnos cuenta. La mayoría de las verduras que comemos vienen de Puebla o del Estado de México y son regadas con aguas negras y fertilizadas con pesticidas químicos. Las personas de las comunidades que vienen a vender sus verduras son enviadas a los últimos pasillos del mercado y muchas personas ni siquiera saben de su existencia. Pensamos que un durazno enorme y reluciente nos nutre más, pero si lo vemos de cerca nos damos cuenta que tiene una calcomanía indicando que viajó miles de kilómetros para llegar a nuestra mesa, además que fue una empresa agroindustrial la que lo envió, mordemos el durazno y no tiene sabor.

De la carne ni hablar, todos los días mueren miles de animales en los rastros municipales en las condiciones más horribles, además que a través de los supermercados llegan toneladas de carnes congeladas de las grandes industrias que causan desastres ecológicos irreversibles. Nos engañan con el empaque bonito de la vaquita, el cuche o el toro feliz pero en realidad nos venden carne putrefacta y llena de destrucción. Por eso nosotros decimos que ¡si no crias no mates! Recuperando la práctica viva de nuestras comunidades donde se cría a las gallinas, los puercos y las reses desde pequeñas, con sólo pasto y maíz, y se come carne en una fiesta o una fecha especial, bajo otra cosmovisión que está más relacionada con todo lo viviente. En la región mixe y otras más de Oaxaca, se le pide permiso a la tierra para matar un animal o se le hace un ritual para purificarlo antes de comerlo.

El problema de la comida es muy grave y puede llevarnos a una crisis social como la que ya estamos viviendo. En nuestras comunidades oaxaqueñas la entrada de comida chatarra nos está enfermando muchísimo, las principales enfermedades son la obesidad, la desnutrición, la diabetes y la hipertensión arterial. Y lo más grave, en algunos pueblos dependemos del maíz que viene de fuera, el que llega a las tiendas CONASUPO y que proviene de Sinaloa y los Estados Unidos, siendo éste maíz híbrido y hasta transgénico. La contaminación del maíz nativo oaxaqueño fue descubierta en 20011 y se sigue extendiendo en nuestro territorio a pesar de la fuerte resistencia de nuestras comunidades.

Las supuestas campañas de “abatimiento de la pobreza alimentaria” como la famosa cruzada contra el hambre no son más que estrategias de los neoliberales para crear más hambre, evitar que la gente siga sembrando sus semillas nativas y ocasionar una fuerte dependencia. Es decir, preparar el terreno para el despojo, obligandonos a migrar, a vender nuestras tierras, a vendernos nosotros. Los paquetes de esta “cruzada contra los pueblos” contienen alimentos procesados, inadecuados culturalmente (es decir que no forman parte de la forma de comer de nuestra gente), transgénicos (como la soya) y benefician a unas cuantas empresas como Nestlé y Pepsico, transnacionales a las que no les importa la gente sino los billetes2.

Programas sociales como la cruzada contra el hambre, Oportunidades (ahora Prospera), Seguro popular, 65 y más, PROCAMPO, Pago por servicios ambientales, etc., cumplen una función muy clara: mantener a las comunidades y a las personas en un nivel de subsistencia para que no piensen, para que no se rebelen, para que no se levanten. Esta ha sido una estrategia capitalista desde sus inicios. Tal como señala Raúl Zibechi: “las políticas sociales juegan un papel relevante, insustituible. Con la excusa de aliviar la pobreza, buscan la disolución de las prácticas no capitalistas y de los espacios en los que ellas suceden, para someterlas a la prácticas estatales… Para refrenar la protesta social en América Latina … la cuestión decisiva es controlar y domesticar los espacios donde nació la resistencia al neoliberalismo: las periferias urbanas y ciertas áreas rurales. El combate a la pobreza cumple esa función3

Es en este contexto de lucha y resistencia contra el neoliberalismo y el sistema capitalista en el que enmarcamos nuestro hacer. Para nosotros el chocolate es sinónimo de rebeldía. Los mayas fueron los primeros en sembrar cacao hace aproximadamente más de 2000 años. El cacahual era un árbol sagrado para nuestros antepasados, su fruto, el cacao, era considerada una semilla sagrada, la cual fue utilizada por los mayas como ofrenda para los dioses, “moneda” de cambio, para preparar bebidas sagradas, para dar fuerza en el trabajo y para curar. El cacao estaba asociado con las sombras, con la parte interna, espiritual, de las personas y era complementaria al maíz, asociada a la luz, al sol.

El cacao es una planta nativa del sur y sureste mexicano. Gracias a los comerciantes mexicas se estendió por numerosos pueblos mesoamericanos y se adaptó a los modos de vida de nuestros abuelos y abuelas. Así como somos hijos e hijas del maíz, también lo somos del cacao. Pero los invasores españoles intentaron robarnos esta tradición y cosmovisión. Al llegar Cortés a estas tierras probó el xocolalt, bebida ofrecida a los dioses y le disgustó por su sabor amargo. Sin embargo, pronto se dio cuenta que los guerreros mesoamericanos la utilizaban para obtener fuerzas para el combate. En sus relatos escribe: “basta una taza de ese brebaje para sostener las fuerzas de un soldado durante todo un día de marcha”.

Al regresar a Europa en 1528, Cortés llevó consigo un cargamento de cacao así como las recetas que pudo robar de nuestras abuelas. Como a las cortesanas españolas no les gustaba el sabor amargo del xocolalt le agregaron azúcar. Con la opresión colonial vino la opresión de las grandes plantaciones y nuestros países latinoamericanos fueron excelentes para la explotación del cultivo de cacao, el café, la caña de azúcar, entre otros que costaron miles de vidas. Con la sangre de nuestros abuelos y abuelas se forjó la comercialización masiva para satisfacer las ansias de chocolate de las élites europeas, quienes adoptaron esta bebida como un distintivo de clase y status social. De ser una bebida sagrada para los dioses se convirtió en el signo de la explotación colonial europea sobre nuestra gente y nuestros territorios.

Hoy en día los países de África Occidental producen el 70% del cacao que se comercializa en el mundo, en estas plantaciones se viven condiciones de esclavitud y explotación infantil, periodistas que han revelado información sobre esta situación han vivido desaparición y persecución4. El negocio de la producción industrial de cacao en el mundo es una mafia administrada por unas cuántas empresas, entre ellas Hershey’s, Cargill, ADM, Mars y Nestlé. La perversión de la naturaleza por parte de estas empresas y gobiernos ha llegado a tal punto que se experimenta con los genes del cacao para generar variedades resistentes a las enfermedades. El Servicio de Investigación Agrícola Norteamericano (ARS, por su siglas en inglés) lleva más de 10 años investigando y descifrando el genoma del cacao. En América Latina son extensos los experimentos de este tipo, bajo el supuesto de “mejoramiento de la producción” se introducen clones de cacao para “elevar la rentabilidad”. Tal como en el maíz, para nosotros el cacao es sagrado y modificarlo genéticamente es un crimen contra la vida de los pueblos y contra la humanidad.

Para nosotros el chocolate es un ejemplo de rebeldía porque a pesar de todos los intentos por desaparecerlo o modificarlo sigue vivo y esto es gracias a la resistencia que por más de 500 años han ejercido nuestros pueblos originarios. Aún conservamos nuestras semillas nativas de cacao y se sigue sembrando en varios estados del sureste mexicano como Tabasco, Chiapas y Oaxaca. El chocolate es parte de nuestro modo de ser, para nosotros no es una golosina sino una bebida sagrada, que nos acompaña durante nuestra vida y forma parte de nuestros rituales para dar gracias a la madre tierra.

En Oaxaca sigue vivo el chocolate y florece junto con nosotros en una alegre rebeldía. El día de Todos Santos por ejemplo, colocamos altares para recibir a nuestros seres queridos que se han ido y que nos visitan, preparamos flores, velas y comida para ellos. El chocolate no debe faltar en el altar junto al pan de yema, los tamales, el mole y el mezcal. Se invita a los vecinos y familiares a acompañar en esta fiesta y se les invita de comer mole, tamales y chocolate con pan. Para nosotros los días de todos santos son días grandes, días de fiesta, de respeto y de guardar. No se trabaja, se está en la casa para convivir con nuestros difuntos y el chocolate nos acompaña.

Como cooperativa intentamos rescatar la manera ancestral de hacer chocolate y junto con ella las tradiciones de nuestros pueblos que nos heredaron nuestros antepasados. Sólo si mantenemos viva nuestra memoria, si conservamos la sabiduría de nuestros antiguos podremos recuperar nuestra capacidad autónoma de comer y hacer nacer un mundo nuevo. Por eso es para nosotros muy importante no perder estos conocimientos sobre el chocolate.

Luchamos por recuperar la manera antigua de beber chocolate, sin tanto dulce. En Oaxaca, por un kilo de cacao se usan tres o cuatro kilos de azúcar refinada, por lo que casi todo el chocolate que se bebe en Oaxaca es pura azúcar y eso es lo que nos venden como “chocolate oaxaqueño”. Este chocolate azucarado por supuesto que enferma y por eso a muchas personas ya mayores se les prohíbe. El cacao por naturaleza tiene muchas propiedades benéficas para nuestra salud, además que nos da placer al comerlo. Nosotros no queremos un chocolate que enferme sino al contrario que nos de fuerzas para seguir en la lucha por la autonomía.

Para elaborar nuestro chocolate usamos ingredientes naturales (para no decir orgánicos5, sin fertilizantes químicos) de productores locales. Por ejemplo, la miel que utilizamos viene de la Sierra Sur y de la Costa, la panela o piloncillo nos llega de la Mixe, el amaranto que usamos proviene de una red de productoras de los Valles Centrales. Intentamos quitar del camino a los intermediarios y coyotes que pagan precios de miseria y chingan a nuestra gente.

Como lo dice nuestro nombre, no pensamos que sólo haciendo chocolate vamos a cambiar el mundo, tenemos que dar mucha importancia a la convivencia y el aprendizaje como herramientas de liberación; la convivencia porque tenemos que retejernos de nuevo, encontrarnos, compartirnos y organizarnos; aprendizaje, en el sentido de recuperar los conocimientos ancestrales de nuestros pueblos que nos permitan caminar hacia la autonomía. Con convivencia, aprendizaje y sobre todo organización podemos rehacer de nuevo el mundo, para nosotros, nuestras familias, nuestras comunidades y para los que apenas vienen.

1Ver artículo sobre contaminación del maíz nativo de Oaxaca en este folleto.

2Ver el artículo: Documentos: Los convenios de Nestlé y Pepsico en la Cruzada contra el Hambre, Disponible en: http://aristeguinoticias.com/2304/mexico/documentos-los-convenios-de-nestle-y-pepsico-para-la-cruzada-contra-el-hambre/

3Zibechi, Raúl. CONTRAINSURGENCIA Y MISERIA, Las políticas de combate a la pobreza en América Latina, Editorial Pez en el Árbol, 2010, p.

4Ver el artículo: La esclavitud en la industria del chocolate, disponible en: http://www.foodispower.org/es/la-esclavitud-en-la-industria-del-chocolate/ y para muestra un botón, ver el video: El lado oscuro del chocolate, reportaje que denuncia la explotación infantil en las plantaciones de cacao en África: https://www.youtube.com/watch?v=6BQzpavKmlE

5Tenemos una reflexión sobre el uso del término orgánico porque también se ha convertido en una marca y en un mercado. A veces lo orgánico se usa para justificar una nueva forma de explotación supuestamente ecológica, sin llegar al fondo del asunto. Por eso preferimos el término natural.

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